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Francisco Durrio y su círculo artístico
no diera el paso final de construirlo, perdiendo la oportunidad de tener una
obra propia de la máxima visibilidad y relevancia.
Concebir y diseñar un horno específico para la cocción de la peculiar cerámica
que ansiaba crear, y que por carecer de medios económicos, hasta para lo
más básico y cotidiano, no pudiera llegar a construirlo nunca y, por tanto, a
ejecutar las soñadas cerámicas.
Prestar su colección de alrededor de ciento cincuenta obras de Paul Gauguin
para su difusión y el asentamiento que a éste le correspondía en la historia del
arte, y que por la mencionada penuria económica no pudiera recuperarla,
viéndose privado de lo que durante más de tres décadas constituyó un
preciado tesoro.
Elaborar un pequeño paraíso personal, en forma de casa y estudio, sobre una
ladera de Montmartre, y que una reforma urbanística de la colina se llevara
por delante su hogar, expulsándolo lejos de la ciudad.
Vivir el arte como si éste fuera un fuego abrasador, la razón de una existencia
entregada por completo a su creación, con la capacitación adecuada para
dar lugar a obras de extremada belleza y sensibilidad, dejando muestras de
una peculiar perfección, y que muriera solo y olvidado por todos.
VIENTOS DE CREACIÓN
Orientalismo: suscitó el interés de Siegfried Bing, influyente comerciante de
productos japoneses y fundador de la galería “Art Nouveau”, en cuyo espacio
fue uno de los primeros artistas en exponer, en 1896.
Mirada al inframundo: con los jarrones que elaboró para el banquero Abaroa
se adelantó en varias décadas a ciertas hibridaciones zoomórficas propias de